Los hermanos maristas estamos llamados a transmitir el evangelio entre los niños y jóvenes. Y el Hermano Agustín Ezpeleta lo viene haciendo desde 1985 en Sanlúcar la Mayor. Y lo hace desde la sencillez, el trato cercano y atento y, por qué no decirlo también, desde la creatividad pues es un verdadero pionero de la “musicoterapia”, y la viene aplicando desde hace más de treinta años.

Este método educativo pretende establecer una relación de ayuda socio-afectiva mediante actividades musicales con el fin de promover o restablecer el bienestar de las personas con las que trabaja, satisfaciendo sus necesidades físicas, emocionales, mentales, sociales y cognitivas y promoviendo cambios significativos en la conducta. Muchísimo jóvenes sevillanos han tenido la suerte de asistir a estas sesiones con el hermano Agustín y reconocen la inestimable ayuda que recibieron en momentos muy cruciales de sus vidas, como es la época de adolescencia y primera juventud.

Por todo esto, recibió el 12 de septiembre, en su querido colegio de Sanlúcar, un emotivo acto de homenaje por parte de los padres, alumnos y antiguos alumnos maristas. En el transcurso del cual fue descubierta una placa en el patio central del colegio con el nombre de Plaza Hermano Agustín Ezpeleta, como testimonio del trabajo educativo realizado dentro y fuera de las aulas sanluqueñas por el hermano. En el acto también participó el Excmo. Ayuntamiento de Sanlúcar y algunos hermanos maristas llegados de comunidades cercanas que quisieron estar presentes en el homenaje.

El Hermano Agustín, fiel a su inconfundible estilo pedagógico, agradeció a todos los asistentes con una emotiva presentación de Power Point las muestras de cariño y afecto sincero que ha recibido en estos casi treinta años en Sanlúcar. Empezando por los padres, continuando por los alumnos y antiguos alumnos, siguiendo por los profesores y profesoras del centro hasta terminar con los hermanos de comunidad que le han acompañado en este tiempo. Gracias y mil veces gracias a todos… Para finalizar su intervención, recordó que la tarea de la vida “es la de subir por la ladera de una alta montaña para detenernos de vez en cuando a contemplar el maravilloso paisaje que se extiende a los pies de la misma”

El acto concluyó con un aperitivo en la plaza recién inaugurada y con el deseo unánime de todos los asistentes de que el Hermano Agustín siga desarrollando durante muchísimos años más su tarea de educador marista entre los niños y jóvenes. Que así sea..